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jueves, 23 de septiembre de 2010

Aprendiendo desde su voz

Acabo de estar en casa de una amiga que tiene a su padre pasando unos días con ella. Tiene 92 años y una capacidad mental que para si quisieran muchas personas no tan mayores como él. Hasta ahora ha vivido solo aunque ayudado por cuidadoras, ha llegado el momento de que tome una decisión y ayer mismo lo hizo. Fuimos a visitar dos residencias, distintas en su estructura física y en su planteamiento. Preguntó, miró y reflexionó. Su respuesta me pareció muy coherente. Eligió la que le pareció más adecuada a su situación actual y muy seguro me dijo que si su situación cambiaba iría a la otra. Ahora está un poco nervioso, pendiente de la vida que va a comenzar en unos días. Hemos hecho un trato, le gusta mucho escribir, aunque no ve,  su hija le comentó  que podría grabar un pequeño diario de sus vivencias en la residencia, le he propuesto que lo haga y que yo lo publicaré en este blog.  Hemos acordado que lo haga todos los días expresando libremente sus sentimientos, lo que le gusta, lo que no le gusta y lo que le gustaría. Yo me he comprometido a que su trabajo tenga un sentido y  veamos la vida de las residencias desde la voz de quien realmente la vive, la sufre y la disfruta. Creo que todos vamos a aprender mucho. Me hubiera gustado que la residencia donde trabajo estuviera cerca, hubiera sido un lujo tenerle allí.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Autonomía y libre decisión

Este fin de semana he estado con un grupo de profesionales trabajando en temas de calidad. Cada día me surgen más y más dudas sobre nuestra forma de enfocar aspectos como la autonomía y libre decisión de la persona mayor en sus cuidados. Parto siempre de la premisa que estas personas se ponen en manos de un Centro que entiende siempre los cuidados en beneficio de ellas. Con frecuencia yo cuando hablo de este tema explico una vivencia mía personal. Cuando yo comencé a dirigir esta residencia hacía apenas tres meses del fallecimiento de mi padre en una residencia geriátrica. Ese día coloqué una foto de mi padre en la mesa del despacho y me dije que iba a intentar hacer con las personas a las que dirigía lo que a él le hubiera gustado y a evitar todo aquello que yo había intuido como negativo.


Uno de los temas que mis compañeros y yo hemos discutido estos días es si la persona mayor está en su derecho a decidir la frecuencia y el modo de su aseo personal. Yo opino que no, pero parto sólo de mi realidad y de mi experiencia. Algunos de los residentes que tenemos cuando han ingresado han sido reacios al baño diario y sin embargo con el tiempo protestan si ocurre cualquier percance que lo impida. En nuestro centro consideramos que este aseo va en beneficio de la propia persona y de forma indirecta del entorno más inmediato que son sus propios compañeros. Más del 80% de nuestros residentes presentan problemas de incontinencia y un porcentaje casi igual tienen dificultades funcionales para llevar a cabo tareas en su autocuidado (limpiarse cuando utiliza el wc), no hay que olvidar que la mayoría (en nuestro caso el 100%) están allí porque no pueden valerse por si mismos. ¿Qué debemos hacer? ¿Dejamos que la persona mayor decida aunque eso conlleve una falta de aseo? ¿En qué limite ponemos esa falta de aseo como inaceptable? ¿Nos daría igual esa falta de aseo en nuestros padres aunque ellos lo eligieran? Se me ocurren muchas preguntas pero aquí dejo estas cuantas para su reflexión.

sábado, 11 de septiembre de 2010

De la administración de insulina y heparina

Va terminando el verano y todos empezamos a organizarnos como si de un nuevo curso se tratara. Es curioso como marcamos tiempos en todo asemejándolos a las etapas escolares. Y comenzamos con la noticia esperada de la Sentencia de la Sala Cuarta del Tribunal Supremo, de 12 de julio de 2010, por la que se confirma que los gerocultores sí pueden administrar insulina o heparina por la vía subcutánea a las personas mayores por ellos atendidas. Era de esperar que después de muchas controversias y demandas se fallara en este sentido. La insulina y la heparina son de administración propia y ninguna persona que lo precisa es atendida por ATS si no es para educar, enseñar y controlar su administración. Hace meses recibí un fax de un Sindicato advirtiendo que si una gerocultora administraba dichos medicamentos podría ser denunciada por intrusismo profesional, curiosamente no se decía que por hacerlo los residentes corrieran algún peligro, en realidad sólo se trataba de una cuestión de competencias.

lunes, 19 de julio de 2010

Ley de Dependencia, el copago

El otro día me preguntaba un familiar de un residente cómo era posible que la ayuda que percibía de la Ley de Dependencia por prestación económica vinculada a un servicio hubiera disminuido del año pasado a este. Hice las comprobaciones oportunas y efectivamente ese residente cobra este año 30€ menos que el año pasado. La respuesta me la dieron los servicios técnicos de la Comunidad Autónoma a la que pertenecemos. La valoración económica de los residentes es evaluada anualmente, se accede a la Agencia Tributaria y a los servicios del Catastro para ver las posibles variaciones patrimoniales tanto al alza como a la baja. Hay mucha gente que considera esta ayuda como una pensión y que por lo tanto nunca debería bajar pero la realidad es que es una prestación que se da en función también de la situación económica del dependiente que varía más de lo que imaginamos. El debate entre si es justo o no que alguien que haya ahorrado pague más que el que no lo ha hecho es para mí un debate en el que no tengo clara mi postura. La persona ahorradora no puede, por llamarlo de alguna manera “ser penalizada”, pero asimismo cuando no se ha ahorrado se ha generado riqueza con el consumo y se han pagado impuestos con el gasto realizado. Lo que si constato con relativa frecuencia es que los familiares son los más interesados en que el residente gaste poco y es triste ver como por ahorrar un mayor para que le hereden, no tiene las gafas adecuadas o la dentadura correcta. Los hijos debemos acostumbrarnos a prescindir de las herencias, no es un derecho, al fin y al cabo es un regalo. Los mayores deben emplear sus ahorros en vivir adecuadamente su última etapa de la vida y eso significa primordialmente vivir bien cuidado,  en una residencia o en el propio domicilio, y al mismo tiempo lo que he nombrado antes: unas buenas gafas, una dentadura adecuada, un aparato de oír y cuantas ayudas técnicas precisen que hagan más fácil su día a día. Todos debemos aprender a vivir de nuestro trabajo sin esperar herencias, que si vienen serán muchas veces a costa de la privación y la austeridad absoluta de quien nos las proporciona. La ley de Dependencia, no puede estar pagando, de los impuestos de todos a los dependientes para que sus hijos hereden, todo lo que sea en beneficio de nuestros mayores ¡por supuesto!, pero no lo que sea en beneficio de terceros.

jueves, 15 de julio de 2010

Vacaciones para nuestros mayores

He estado unos días de vacaciones en la playa. Mi objetivo era desconectar del trabajo para volver con las pilas cargadas. Tengo que reconocer que en mis ratos de ocio termino comparando situaciones, acordándome de mis mayores, haciéndome preguntas y en la mayoría de los casos no encontrando las respuestas adecuadas.
Voy con mi familia de camping con una caravana, cuando la compramos, hace año y medio, dejé bien claro mis requisitos para ir con todas las comodidades y no tener problemas derivados de no ser unos jovencitos. Le hemos puesto un dispositivo llamado “mover” que hace que la caravana una vez desenganchada del coche se mueva sola para colocarla en su sitio sin esfuerzo físico. También hemos pensado con el tiempo ponerle otro motor que haga que las patas bajen automáticamente, y estamos dispuestos a equiparla con cualquier accesorio que nos facilite ir de vacaciones con ese medio.

Blog residencia geriátrica - Vacaciones para mayores
Cuento todo esto porque he observado que no suele haber españoles de la tercera edad en los campings. He conocido a algunas personas que cuando han llegado a esa edad dejan la caravana fija cerca de donde viven o abandonan esta forma de ocio muy a su pesar. Sin embargo tuve estos días de vecinos a una pareja francesa que pasaban de los 70 años. Tenían una auto-caravana y me hicieron sonreír en muchas ocasiones observándoles. Se acostaban muy temprano, llevaban una vida muy ordenada y se les veía muy felices. Todos los días nos saludábamos y el último día compartimos un rato de charla. Empecé a pensar que en España los mayores campistas abandonan muy pronto, quizá también debido al tema de la conducción y me dio pena. De una reflexión pasé a otra y empecé a contar en la playa el número de personas que ese día estaban y que podrían pasar de los 75 años, sinceramente eran muy pocos o casi ninguno. Bien es verdad que estos años hemos tenido programas de vacaciones para mayores, supongo que con la crisis se reducirán pero no a todo el mundo le gusta ir de vacaciones en octubre en grupo y no ver niños jugando en la arena, ni disfrutar del ambiente del verano. Ya hay algunas experiencias de apartamentos adaptados para vacaciones de personas mayores y espero que aumenten para que ellos, o nosotros mismos, podamos ir a la playa o a la montaña en la fecha que queramos. Cuando en el mundo se está aumentando la edad de jubilación debemos empezar a pensar que vamos a ser pensionistas más tarde y que todo lo que sea facilitar la vida de nuestros mayores incluido el ocio nos va a beneficiar mucho antes de lo que creemos.

martes, 29 de junio de 2010

Cuidándoles

Ayer mi hija me indicó este vídeo para que lo viera. Es muy interesante, yo no soy enfermera pero me reconozco en muchos de los comentarios de la protagonista e identifico situaciones y sentimientos que vivimos aquí a diario.

El director es EDUARDO SOLER y el guión está escrito por JAVIER ERCILLA & EDUARDO SOLER


miércoles, 23 de junio de 2010

La lucidez de la demencia

Demencia

Tenemos en el centro varias personas con demencia, alguna de ellas incluso con PEG  que es una sonda de alimentación que se inserta quirúrgicamente a través de la piel del abdomen  hasta el estómago y que se utiliza cuando una persona tiene dificultad para tragar, con mucha frecuencia debido a algún ACV (accidente cerebro vascular). Hace unos días una de ellas estaba hablando con un tono bastante elevado con la auxiliar que le atendía y desde mi despacho pude oír la conversación. Reconozco que me entraron ganas de grabar lo que estaba diciendo para que lo escucharan sus hijos pero luego pensé que a ellos les podría parecer una crueldad oír lo que su madre en un momento de total lucidez estaba relatando. Decía que quería morirse porque al fin y al cabo no podía andar, no hablaba bien y ni comer podía "¿qué pintaba ella en la vida?" En algunas ocasiones  hemos comentado en el centro el tema de la eutanasia y yo siempre he defendido que nadie puede garantizar que una persona que hoy quiere morirse mañana no encuentre una razón, aunque sea pequeña, para no hacerlo.  Todos los días, sin faltar uno,  vienen a verla sus dos hijos, pasean con ella en su silla de ruedas y pasan toda la tarde juntos. Me consta que la relación era muy estrecha entre los tres antes de que ella enfermara. Llevamos varios días pensando en qué razón podríamos darle a esa persona para mitigar sus ganas de morir. Cuando le atendemos le hablamos de sus hijos, de su pueblo, de su casa, de las lechugas que plantaba, de los chorizos que hacía cuando estaba bien.......ella,  con monosílabos nos contesta pero........ no con la lucidez ni la coherencia de hace unos días.

lunes, 21 de junio de 2010

Mi querido Alzheimer

Alzheimer

Hoy comienza el verano, no hace calor pero el sol brilla y las flores están en todo su esplendor. Aquí en el Centro se notan los cambios estacionales tanto ahora como en invierno. Los residentes suelen estar más alterados, a algunos no les sienta bien que haya tantas horas de luz, a otros les gusta salir a la puerta por las tardes y estar de tertulia, lo que llaman aquí “la solana”. El viernes ingresó un señor con Alzheimer pero con una sonrisa de oreja a oreja, parece un niño feliz. Siempre digo que se cuida mucho mejor a las personas asistidas con demencia que a las que se consideran válidas. Para nosotros es mucho más fácil controlar a esas personas que intentar hacer entender a las otras lo que está bien para su salud. La persona con demencia es mucho más receptiva al cariño, más dócil a la hora de recibir cuidados, comen lo que deben comer, mantienen la higiene que nosotros creemos oportuna, si tienen que pasear pasean y si tienen que protestar y enfadarse lo hacen, sabiendo nosotros que esa protesta casi siempre está justificada. Viven en su mundo, un mundo ajeno a todo lo que les rodea pero que nos transmite mucha dulzura y bondad. Nos reconocen, no saben cómo nos llamamos pero sí que somos su referente, no nos dan los buenos días pero sí nos regalan casi siempre una sonrisa. El Alzheimer es una enfermedad que poco a poco impide que nuestro cuerpo realice sus funciones, ellos nos necesitan para todo y en el fondo lo saben o al menos se sienten bien cuando les damos de comer, cuando les limpiamos o cuando aliviamos alguna molestia. Nuestros cuidados son profesionales pero con un componente de cariño del que no podemos desligarnos. Ellos poco a poco van olvidando a sus seres queridos, van dejando de reconocerlos pero sin embargo responden a nuestras voces, a nuestros gestos y nos buscan cuando necesitan algo. Todos decimos que para vivir así es mejor no hacerlo, sin embargo creo que en el mundo faltaría algo sin estas personas que nos hacen reflexionar diariamente y ser mejores personas.

jueves, 10 de junio de 2010

Comprender el paso del tiempo

Hoy me gustaría poner una reflexión sobre la vejez que escribí hace un mes para un certamen.




COMPRENDER


Hace un tiempo, cuando las personas mayores se quejaban de no poder viajar, de no poder ir en metro y de no poder subir a un autobús, yo pensaba lo quejicosas que eran y la cantidad de manías que tenían. Iba al médico y no entendía cómo había tanto jubilado en las consultas, me parecía que era una manera de gastar el tiempo que les sobraba. Veía a los abuelos en los parques quejándose de no poder controlar al chiquillo de tres años que corría de un lado para otro y pensaba que cuando yo fuera mayor estaría encantada de hacer esa labor. Presenciaba cuando la persona mayor, harta de tantas prohibiciones dietéticas, se comía con ansia infantil un dulce, a sabiendas de que no podía hacerlo, y me decía a mi misma en tono despectivo que se volvían como niños. Observaba cómo dejaban de leer por la pérdida de visión y no entendía que unas buenas gafas no remediaran ese asunto. Para qué contar el tema del volumen de la tele, cómo no iban a poder oír. Veía a mi abuela dar vueltas y vueltas a la casa buscando el monedero, las llaves o el pañuelo, daba igual, todos enfadados buscando el objeto perdido. Los sueños y las ilusiones eran para los jóvenes, los mayores ya tenían su vida hecha. Cumplir 65 años me parecía una edad más que suficiente para dejar de trabajar.

Hace algo más de veinte años vi morir a mi madre sin haber llegado a cumplir los cincuenta. Recuerdo que todo el mundo comentaba lo pronto que se había truncado su vida. Sin embargo, con esa creencia de poseer yo toda la juventud y no ella, pensaba en voz baja que no era tan joven.

No he entrado aún en lo que todo el mundo llama “tercera edad” y que a mí personalmente me gusta llamar “mayor”, tengo 51 años, pero cuando viajo en tren siempre me fijo en el hueco que queda entre el vagón y el andén para no meter el pie y tener un accidente. Me he vuelto un poco hipocondríaca y pregunto al médico la causa de cada dolor o molestia que siento. Me siguen gustando los niños pero soy incapaz de seguirles su ritmo. Puedo comer de todo pero debo controlarme y confieso que no siempre lo consigo. Sin gafas no veo de cerca y, sin embargo, hasta hace poco no he tomado la decisión de tenerlas continuamente. Mis hijas me preguntan cada día si estoy sorda. Ya no me puedo fiar de la mal llamada “memoria fotográfica” porque se conoce que el revelado ya no es de tan buena calidad como antaño. Cada día me levanto con un nuevo o antiguo sueño e incluso con pequeñas ilusiones que probablemente no se cumplirán, pero que hace que todo tenga un sentido. Veo a mucha gente jubilada que podría haber seguido aportando valía, madurez, ganas y experiencia, y se encuentra o se siente condenada al olvido.

Hace cinco años falleció mi padre, escritor y periodista, con setenta y tres años, y yo, aquella que creía que mi madre era mayor, le decía a todo el mundo que mi padre era muy joven para morir, que todavía le quedaba por escribir su mejor novela.